Nadie me explicó como debía de comportarme ni responder a lo que tenía que decir cuando la vida me planteaba preguntas o cuando me otorgaba respuestas cuando no las necesitaba.
Y aún así, crecí caminando por el planeta Venus siendo intruso con apariencia de Ares, levantando polvo entre mis pasos pero con humo azul rosado que me envolvía en ilusiones, sueños, deseos que se mezclaban con verdades y realidades.
Nadie me dijo qué se siente cuando te conmueves, ni siquiera Eros, que tantas veces me ha dejado ventaja para después disparar una flecha a ciegas para que ante otro ser de la oscuridad a la luz amaneciera.
Y aun así las estrellas siguen brillando, aún así la luna aparece cuando el sol la deja, aún así siento frío cuando alguien del montón me toca y calor cuando el mas especial ante mis ojos tan solo me roza.

Y ahora, me miro al espejo que me ofrece el reflejo de las aguas del lago en que me miro con sigilo, dejo que los duendes me sigan susurrando a mis oídos: “principito, principito, sensible e incomprendido principito. ¿Cuándo aprenderás que a donde te diriges nunca has estado y lo que crees esperar puede o no que te haga afortunado”.
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